Forma de Vida

Nuestra forma de vida

NUESTRA FORMA DE VIDA

Nuestra Orden tuvo su origen en la inspiración del Señor, infundida al bienaventurado Francisco de Asís, para vivir en la Iglesia según la forma del Santo Evangelio. La Madre Santa Clara, plantita del mismo padre San Francisco, compartiendo con él esta misma vocación, nos la trasmitió. Por eso nuestra familia, que se denomina acertadamente “Orden de Santa Clara “ o también “Orden de Hermanas Pobres” y constituye la Segunda Orden Franciscana, consagrada a la vida enteramente Contemplativa, profesa la observancia del Evangelio. El Evangelio en que se enraíza nuestra Regla es la persona misma de Jesucristo, que es la buena noticia del misterio de la salvación, es decir, la revelación de Dios uno y trino, en el misterio de Cristo, Verbo Encarnado, cuya imagen estamos predestinadas a reproducir.

 

LA POBREZA

Tanto la pobreza material como la interior nos hace libres de espíritu y nos hace depender de Dios y de su Providencia con más razón, además de participar de su vida misma, puesto que Cristo Pobre fue reclinado en el pesebre, y pobre permaneció en el patíbulo.

 

LA CASTIDAD

Es la expresión del amor esponsal al mismo Redentor. Ofrecemos nuestro corazón encendido en el fuego del amor divino, como lo hizo Cristo a Dios Padre por nosotros. La castidad no es sólo en lo material, sino también espiritual, ya que sólo pertenecemos a Dios.

 

LA OBEDIENCIA

Nos ayuda a crecer y dominar nuestro afán de autosuficiencia y nos hace libres en todos los sentidos, ayudándonos a conseguir una especial participación en el misterio de Cristo Obediente, el cual, para reparar la desobediencia del hombre, bajó del Cielo.

 

LA CLAUSURA.

Es un medio que fortalece y ayuda totalmente a la Vida Contemplativa, pero para las hijas de Santa Clara, es como tener una parcelita en medio del esparcido mundo material, para contentarse con Sólo Dios.

 

TRABAJO EN COMÚN

El trabajo, para nuestros Seráficos padres, san Francisco y santa Clara, lo consideraron como un Don de Dios y lo llamaron Gracia, por eso, con la ayuda del Señor, queremos devolverle multiplicado el talento recibido, haciéndolo producir para el bien de los hombres. Nuestro trabajo es de limpieza de todo tipo de ropas, en seco y agua, y desde el año 2010 nos dedicamos a la repostería, elaborando bombones, chocolates, panes especiales, dulces tradicionales, tartas, etc.

 

VIDA FRATERNA

Todo es alegría cuando nos damos a Dios, y a los hermanos en Él, por Él y con Él, todo es fácil. Sabiendo que todo lo hemos recibido de Dios, hemos de vivir con los hermanos, con la alegría de que todo es Gratuidad, y que las faltas es a veces la forma de ver que sin Él no somos nada, que con Él todo es posible, todo es gracia si en ella queremos vivir, viviendo en Dios y confiando en la intersección de las hermanas.

 

LA RECREACIÓN FAMILIAR

Es una parte esencial de la Vida Fraterna. Siendo necesaria para un conveniente esparcimiento, y es a la vez expresión muy adecuada del amor, en donde las hermanas puedan sentir la cercanía unas de otras, pues el amor se expresa en la comunicación. Damos gracias a Dios, desasidas de todo lo terreno y habiendo hecho vivir a nuestras hermanas el fervor en nuestra entrega, viviendo con intensidad nuestra vida religiosa.

 

VIDA CONTEMPLATIVA

La adoración diaria ante el Santísimo, por todos los hombres, nuestros hermanos en Cristo Jesús. Este es nuestro apostolado y nuestra misión dentro de la Iglesia, que necesita del latido constante de la plegaria en el amor oculto que Sólo Dios ve. El Concilio nos dice: Sólo a Dios se dediquen. Porque Él lo es Todo.

El encuentro admirativo con un Dios personal nos lleva a la respuesta de una entrega más íntima, por eso el no poseer nada ayuda a la intimidad de la comunión de amor con Aquél que se nos ofrece como a hijos.

 

LA EUCARISTÍA

Nuestra vida es y debe ser una continua Acción de Gracias al Padre de las Misericordias que nos llamó y nos escogió por puro amor, por esto la Celebración de la Eucaristía, la Liturgia de las Horas y la Oración personal son formas de oración que constituyen la fuente y la cima de nuestra vida.

 

Como María llevó materialmente en su cuerpo a Jesús, así lo llevaremos espiritualmente en un cuerpo casto y virginal. Porque el Misterio del hombre sólo se percibe claramente en el misterio del Verbo Encarnado.